jueves, 6 de abril de 2006

Repugnante, vergonzoso e inescusable

Me he enterado de la existencia de esta campaña publicitaria, que por lo visto abarcaba anuncios en la tele, en carteles por la calle y en las revistas, leyendo el artículo de denuncia en EL PAIS del escritor nicaragüense Sergio Ramírez. Nada más leerlo busqué las fotos en Internet, aquí las tenéis. Si bien es cierto que, al tratarse de aunuciosde vaqueros, la "estética" final puede resultar atractiva en vez de repulsiva, el problema es la alusión directa a las formas de tortura de la dictardura chilena, eso lo hace totalmente inexcusable desde mi punto de vista. Y una falta de respeto para todos los que sufrieron este tipo de trato aberrante, muchos de los cuales siguen vivos. Creo que en la libertad de expresión, pero también creo que como los demás derechos tiene límites, y el primero es el respeto por los derecho de los demás. NO VALE TODO, y menos cuando de los que se trata es de vender un producto. Así que estoy totalmente de acuerdo con lo escrito por Sergio Ramírez el otro día.

Aunque usted no lo crea
"Aunque usted no lo crea, por Ripley. Banalidades para el asombro que nos acompañaron desde la infancia en los periódicos, al lado de las tiras cómicas y los crucigramas: todo lo inusitado, lo que rompía la lógica, lo que era de extrañar; desde la estatura descomunal de una persona a su longeva edad, más terneros de dos cabezas, una papa de una arroba de peso, el silbido más prolongado del mundo, alguien capaz de dormir una semana continua, o comerse cien hamburguesas, o el faquir con más horas sin comer.
Hoy, no se trata de Robert Ripley, el eterno viajante que comenzó a acumular su interminable listado de proezas y rarezas desde el año 1917 hasta su muerte. Ripley es una cadena de tiendas de Chile, que vende ropa juvenil, y que el mes pasado hizo publicar en los diarios de Santiago un lujoso catálogo donde se enseñan jeans de afamadas marcas internacionales, para hombres y mujeres. Nada de raro hasta aquí que sea digno del otro Ripley. Sólo que el catálogo venía ilustrado con fotografías de modelos en poses de tortura. En Chile, donde la historia y calidad de las torturas fueron dignas de Ripley.

Tengo a la vista el catálogo. Tres efigies de jóvenes encapuchados, dos mujeres y un hombre, miran hacia lo alto donde asoman colgando gruesas cuerdas con un lazo capaz de sostener las muñecas de un ser humano. En la siguiente las cuerdas han recibido uso. En primer plano cuelgan las extremidades de una efigie masculina; muy atrás vuela, como en trapecio, una efigie femenina amarrada de las manos, y a la derecha, otra vez en primer plano, nos hallamos con la figura desafiante, y por supuesto bella, de una mujer que parodia la arrogancia cruel de los torturadores mientras cumplen su oficio.
En la siguiente, una pareja, hombre y mujer, que cuelga del artesonado del techo encadenados patas arriba, se toman de las manos sin que podamos ver sus rostros porque quedan cortados fuera del marco de la foto. Hay otra en que tres efigies cuelgan de una sola mano en pose de descoyuntados, mientras detrás brilla potente la luz de un foco de aquellos preferidos por los interrogadores. El foco que nunca se apagaba.
Y hay mucho más. Pero en todas las fotos el ambiente que los artistas de la publicidad han querido conseguir es el de la lobreguez y el desamparo de las celdas soterradas, aquellas de donde tantos no lograron nunca salir. Paredes húmedas, ambiente fétido, luz artificial Y por supuesto, todos los modelos del catálogo visten de jeans. Rotos, desteñidos, estrafalarios, como quiere la moda.

Vi por primera vez estas fotografías cuando asistí recientemente a un encuentro sobre cultura y política en América Latina organizado por la Universidad de Miami, y la doctora Rossana Reguillo, del Instituto de Estudios Superiores de Occidente, de México, las hizo circular alrededor de la mesa del debate para ilustrar su ponencia sobre la cultura del miedo, una presentación, por demás, fascinante. Hoy, las he cazado en la Red para bajarlas a mi pantalla.
El miedo. ¿Qué se ha roto en todos nosotros a la vuelta del nuevo milenio, o cuáles son las cuerdas maestras que otros tratan de romper en nosotros? Bajo el reinado de la propaganda, cuando todas las aguas deben ir a dar al río insaciable del marketing, los gurús de la publicidad, que sacan lustre a sus cerebros para proponer a sus clientes las ideas que parezcan más atrevidas, descienden hacia nuestros instintos más profundos, y no hay otro instinto más primigenio que el miedo. Buscan trastocar esos instintos y clonarlos. Darles otro sentido, o hacer que parezcan inofensivos.
El miedo a la tortura. A ser colgado de los pies, al palo de arará, pies y manos juntos, al balanceo infernal del cuerpo que pende de cadenas, al chuzazo eléctrico en las costillas, a la tenaza en los testículos, las quemaduras con cigarrillos encendidos en los pechos, a la penetración con tubos de hierro, a la luz candente de los focos que deslumbran hasta la ceguera. En las fotos del catálogo de ropa exclusiva, que brillan con el lustre del papel satinado en sus colores sombríos, el miedo nos desafía en su pretensión de volverse banal. No es la tortura como un hecho de la historia que aún supura sus terrores como una herida mal curada, sino una sombra vana y mentirosa. Recuerdos inofensivos, o sombras de la imaginación.

El ser humano se halla cada vez más solo y la publicidad va a cazarlo en su cueva para presentarle un mundo diferente al mundo real, el que está en la historia pasada y no deja de estar nunca en las posibilidades de la historia presente. Hay que vestirse con osadía, como los figurines que cuelgan de cabeza de las cadenas en los sótanos policiacos. Ellos son la parodia de salón de los torturados verdaderos, y la capucha a la que solían poner cal viva es sólo un adorno de pasarela, como los potros, las picanas, los fuetes, las salas de dentistería para taladrar dientes en vivo, son sólo un decorado.
Los catálogos fueron retirados de circulación por la cadena de tiendas ante la avalancha de protestas de las organizaciones de derechos humanos, pero a lo mejor era algo previsto en la estrategia publicitaria. Un tratamiento de choque, un golpe de corriente como el de las picanas eléctricas de las salas de tortura y luego las fotos desaparecen de los ojos de todos dejando su recuerdo perverso. Y el recuerdo de una marca de jeans".
La publicidad aguantó una semana.

7 comentarios:

CLARA dijo...

Hola he visto tu blog de casualidad, buscando una cosa, era para decirte que tambien tengo un blog de moda que se llama "por que la imagen cuenta" pero para entrar pon "claybo01" por si quisieras entrar. ya esta tu blog en mis favoritos. me ha gustado mucho.

Anónimo dijo...

La campaña de ripley o como ante la falta de talento se recurre al morbo escandaloso. Que falta de sensibilidad,para empezar, seguido de falta de buen gusto, no digo que ante las torturas y otros abusos miremos hacia otro lado, creo que es importante que todos estemos informados de las salvajadas que ocurren o ocurrieron en el mundo, pero para vender vaqueros me resulta repugnante,no es demagógia barata, más sabiendo que el objeto de la campaña no es denunciar tropelías, si no hacer caja, publicidad gratuíta, sabían de sobra que se iban a levantar voces contrarias, y mientras ellos a trincar. EL BUSCAR ALGÚN TIPO DE ESTÉTICA EN EL ABUSO DE PERSONAS SOBRE PERSONAS ES ABERRANTE.

fashion chronicles dijo...

Hola, siempre leo tu blog, y me encantan tus comentarios que van mucho mas de solo hablar de moda, asi que te felicito.

Hablando del tema de tu post, yo soy de Chile, y recuerdo haber visto esta publicidad que encontre por lo bajo ESTUPIDA, yo entiendo la idea, algo transgresor, al estilo de fes, creyendo que la gente les iba a comprar su idea... pero mal, la encontre horrible, bueno, esto fue hace un tiempo ya, y la publicidad habra circulado una semana, porque la vi una vez y no la vi mas.. Aqui por lo menos esto no ha sido tema, creo que si fue una excusa o un intento de hacer publicidad no les resulto, porque despues de haberlo sacado de circulacion, Ripley no hablo mas al respecto, y creo que muy poca gente alcanzo a verlo.

Me alegro en todo caso, la publicidad era horrorosa y habria sido inexcusable que la hubiesen dejado. Solo queria comentarte lo que paso acá, por lo menos lo que yo vi.
Saludos!

Poliya dijo...

Sinceramente, esta campaña es nefasta y aberrante. Chile, como la Argentina, sufrió una de las peores dictaduras de Sudámerica y parece que 30 años después, nadie aprendió nada de esos años oscuros.
Es inconcebible que alguien intente hacer negocios con el sufrimiento y el dolor que marcaron a tantos pueblos.

Saludos,

Patri dijo...

Pero lo que han conseguido los "publicistas" de esta campaña es que se hable de ella, para bien, para mal .PERO SE HABLA con lo cual en cierto sentido ha tenido su éxito. No se acuerdan que Kate iba a ser "defenestrada" para siempre al exilio de las modelos???, pues creo que ahora la vemos más que nunca.
Blog genial. Saludos

INMARRUBIA dijo...

TERRIBLE E INDIGNANTE.
NO TENGO PALABRAS.

Pau dijo...

Hola , he leído tú blog y me gustó. yo también tengo uno que habla de moda y antimoda. te lo apunto por si te interesa.
saludos
http://fashion-report.blogspot.com/