Por una razón que desconozco en verano duermo menos. Puedo irme a la cama a las mil y madrugar, y luego no necesito siesta, cosa que en invierno no me sucede. Como todo, tiene sus ventajas.

Cuando me desvelo en verano me da por dos cosas: leer novelas de
Agatha Christie, puedo leer una novela por noche, y volver a ver pelis que hace tiempo no veía.

Con las pelis suelo montarme mis propios ciclos, en honor a un actor, a un tema o a un director. Este verano, mientras
unos optan por hacerse con un pack con lo mejor de Billy Wilder, y otros disfrutan del ciclo de
Woody Allen de la 2, yo prefiero volver a ver algunas de las pelis de
Alfred Hitchcock.

El criterio para elegir cuál de todas ver ha sido el vestido que quiero hacerme para una boda que tengo en septiembre. Quiero algo retro así que en vez de empollarme las revistas de moda (qué flojas las de agosto, por cierto) voy a ver las películas que hizo Hitch en los años cincuenta y los sesenta.

No de todas se puden sacar buenas ideas para un vestido tipo cocktel, pero sí de algunas de ellas, sobre todo de las que protagonizó
Grace Kelly, y muy especialmente de "
La ventana indiscreta". Siempre la misma habitación, James Stewart siempre con el mismo pijama y Grace Kelly, espectacular y dispuesta a todo por conquistar al coprotagonista, luce uno tras otro trajes maravillosos, camisón y bata incluidos. Nada que envidiar a Carrie Bradshaw.

Aunque mis favoritas de esa epoca son "
Vértigo" y "
Con la muerte en los talones". "Vértigo" es posiblemente la segunda película que más veces he visto en mi vida, la primera es "
Arsénico por compasión" y la tercera "
El jovencito Frankenstein". De las tres es la única que no es comedia, pero siempre me ha podido ese lado morboso que tiene. Y aunque los trajes que luce
Kim Novak no son mis favoritos para llevarlos hoy, sí que me llama la atención cómo la ropa, el peinado y el maquillaje pueden transformar a una mujer.

En cambio, el estilismo de
Eva Marie Saint en "Con la muerte en los talones" sí me gusta mucho. Por lo visto fue escogido por el propio Alfred Hitchcock quien, al no gustarle nada lo que había elegido la encargada de vestuario, se fue de tiendas con la protagonista a comprarle la ropa para la película. Y acertó de pleno. Mi favorito es el vestido estampado de la foto, el que lleva la noche que Cary Grant la sigue al hotel.

Pero no me atrevo con el estampado, ya he comprado la tela y es lisa. En cuanto al corte, esta noche tomaré nota de lo que vea. No sé si al final quedará muy retro, de momento la experiencia comprando la tela ya lo ha sido. Aconsejada por mi abuela fui a un par de tiendas de tejidos de esas que llevan toda la vida abiertas en la ciudad. Esas en las que tanto la fachada y los escaparates, como los dependientes -siempre hombres de mediana edad- y la decoración y el hilo musical te transportan cinco décadas atrás.

Un universo paralelo en el que el señor que te atiede te saluda educado y mirándote a al cara, si le preguntas por una tela te explica las calidades, mezclas y precios con toda amabilidad, si quieres ver colores te saca los veinte rollos que tiene, si le dices que algo no te gusta, se da por enterado sin ofenderse y no insiste, y cuando te aconseja con el color ¡acierta! Y si al final te ve indecisa, en vez de mosquearse o meterte prisa para colocarte la tela, te dice "Venga mejor acompañada a elegirla, es mejor pedir consejo que arrepentirse de haber comprado una tela que al final no le guste". Algunas dependientas, cada vez más, deberían hacer cursos de reciclaje sobre cómo atender al cliente en estas tiendas.