Ayer tuvieron lugar en París dos de los desfiles más importantes,en principio, de la temporada: Balenciaga y Christian Dior. Dos firmas con un par de cosas en común: el trabajo de un gran diseñador en los archivos, un buen diseñador como director creativo, y ser -junto a Marc Jacobs y Prada- las firmas de moda que, sea buena o menos buena su colección, seguro crearan tendencia de alguna manera.
Curiosamente ayer coincidieron en alguna cosa más: vuelve el color (todos los colores y todos vibrantes) y la sombra de la comercialidad vuela sobre ambas, aunque por diferentes motivos.

Sinceramente, cuando me he metido en Style.com para ver la última colección de Nicolas Ghesquière para Balenciaga, por un momento he creído estar viendo el desfile de Dsquared 2. He contado once conjuntos de pantalón de montar con chaqueta British o jersey marinero y estola o pañuelo palestino -customizado, obviamente-.¡Once de los treinta y siete diseños que salieron a pasarela!

Superado el susto y confiando en el saber hacer de Ghesquière y sus inspiradoras ideas, he seguido pulsando en "Next", saltando la publicidad y avanzando hacia la decepción. ¿Qué clase de mujer saldría a la calle vestida de pija guay (no la clásica) y con un pañuelo palestino customizado valorado, seguramente y como mínimo, en varios cientos de euros? Yo no soy esta mujer.

Los vestidos étnicos (muy Etro) son otra cosa, incluso ayudan a ir haciéndose una idea de lo que tenía en mente Ghesquière al diseñar esta colección: una estética "multicultural" seguro y algo actual también. Y cercana a la calle. E inspirada en ella. Y...

¿De verdad cree que va a vender algo con sus precios habituales cuando puedes vestirte así por cuatro duros? Es curioso cómo una colección puede ser comercial y nada-comercial al mismo tiempo. Es cierto que las sandalias-mecano igual merecen el reembolso, aunque no sé si son tan originales como para que merezcan el sufrimiento que debe suponer llevarlas.

Aunque, bien mirado, debemos aplaudir que no se ponga nostálgico, como han hecho la gran mayoría liderada por Jacobs y Galliano, mirando hacia los años cuarenta o veinte. Que sepa captar en parte (no todos vestimos igual) el pulso de la calle y de la situación actual, que nos brinde algo más de optimismo que en la anterior colección (mezcla de colores, mezcla de tejidos, mezcla de prendas, mezcla de culturas) y que no se repita. Interesante o no, siempre tiene algo nuevo que contar. Además tras dos colecciones espléndidas, una flojilla no es tan grave.






























La mujer Prada del próximo otoño