miércoles, 28 de febrero de 2007

Balenciaga: multiculturalismo comercial

Ayer tuvieron lugar en París dos de los desfiles más importantes,en principio, de la temporada: Balenciaga y Christian Dior. Dos firmas con un par de cosas en común: el trabajo de un gran diseñador en los archivos, un buen diseñador como director creativo, y ser -junto a Marc Jacobs y Prada- las firmas de moda que, sea buena o menos buena su colección, seguro crearan tendencia de alguna manera.

Curiosamente ayer coincidieron en alguna cosa más: vuelve el color (todos los colores y todos vibrantes) y la sombra de la comercialidad vuela sobre ambas, aunque por diferentes motivos.


Sinceramente, cuando me he metido en Style.com para ver la última colección de Nicolas Ghesquière para Balenciaga, por un momento he creído estar viendo el desfile de Dsquared 2. He contado once conjuntos de pantalón de montar con chaqueta British o jersey marinero y estola o pañuelo palestino -customizado, obviamente-.¡Once de los treinta y siete diseños que salieron a pasarela!



Superado el susto y confiando en el saber hacer de Ghesquière y sus inspiradoras ideas, he seguido pulsando en "Next", saltando la publicidad y avanzando hacia la decepción. ¿Qué clase de mujer saldría a la calle vestida de pija guay (no la clásica) y con un pañuelo palestino customizado valorado, seguramente y como mínimo, en varios cientos de euros? Yo no soy esta mujer.



Los vestidos étnicos (muy Etro) son otra cosa, incluso ayudan a ir haciéndose una idea de lo que tenía en mente Ghesquière al diseñar esta colección: una estética "multicultural" seguro y algo actual también. Y cercana a la calle. E inspirada en ella. Y...



¿De verdad cree que va a vender algo con sus precios habituales cuando puedes vestirte así por cuatro duros? Es curioso cómo una colección puede ser comercial y nada-comercial al mismo tiempo. Es cierto que las sandalias-mecano igual merecen el reembolso, aunque no sé si son tan originales como para que merezcan el sufrimiento que debe suponer llevarlas.



Aunque, bien mirado, debemos aplaudir que no se ponga nostálgico, como han hecho la gran mayoría liderada por Jacobs y Galliano, mirando hacia los años cuarenta o veinte. Que sepa captar en parte (no todos vestimos igual) el pulso de la calle y de la situación actual, que nos brinde algo más de optimismo que en la anterior colección (mezcla de colores, mezcla de tejidos, mezcla de prendas, mezcla de culturas) y que no se repita. Interesante o no, siempre tiene algo nuevo que contar. Además tras dos colecciones espléndidas, una flojilla no es tan grave.

Christian Dior: Alta Costura colorista

De nuevo, tal y como sucedió la temporada anterior, leer las críticas del último desfile del prêt-à-porter femenino de Dior (que ha retocado su web) es como leer el Marca. ¿Quién manda en los equipos grandes de fútbol: el presidente, el director deportivo, el entrenador, los jugadores, el socio o la prensa? Pues en las grandes casas de moda pasa lo mismo: ¿Quién manda: el dueño o presidente, el director creativo o el cliente (ventas=dinero)? Es obvio que las modelos no, por eso no las menciono.

En Dior manda Bernard Arnault, quien debe guiarse por lo que pueda preferir el cliente, y que limita a Galliano, el director creativo. Aunque esta vez, según el propio gibraltareño, ha tenido más libertad.

El resultado de estos límites impuestos ha sido una colección comercial, esto es, vendible, o mejor dicho: ponible. Una colección colorista, que ya la quisiera alguno que otro para su Haute Couture, pero que, al tratarse de Galliano, resulta decepcionante. Claro que para dar rienda suelta a su creatividad, ya tienen su propia firma, habrá pensado Arnault.

No porque sea fea, al contrario, es una colección preciosa. Tampoco porque no demuestre su categoría como couturier, que lo hace sobradamente. Ni porque no reinterprete a la perfección el espíritu de la maison, que lo hace. Lo decepcionante es cómo lo hace, y a quién se dirige. Y ya van dos veces.

Si los detractores de Lagerfeld le echan en cara que para reinterpretar el legado de Mademoiselle Coco no es necesario repetir el traje de chaqueta de tweed, ni la camelia, ni el 2.55 hasta la saciedad (en mi opinión no es ese su defecto, sino su mayor logro: presentar cinco versiones de lo mismo cada año); imagino que el mismo reproche cabe hacerle a Galliano cuando se vuelve ponible. Aún más, al menos Lagerfeld sabe rejuvenecer la firma, Galliano ha demostrado que no sabe diseñar para gente joven (y abarco hasta los cuarenta y pocos al hablar de juventud) cuando se inspira en el trabajo de Christian Dior.

Incluso, y a pesar de ser una colección de vestidos bonitos, termina por repetirse: los trajes de ante (como el gris de las primeras fotos) los vimos en la pasada colección de prêt-a-porter, y el resto lo hemos visto en la última de Alta Costura. Ésta es sólo la hermana pequeña de aquélla.

Pequeña y con menos fuerza, como dice Suzy Menkes, pareciera que la Madame Butterfly que nos presentó en enero se hubiera casado con un acaudalado Lord, y se dedicara a exhibir la pasta de su marido con su (bonita y elegante) ropa.

martes, 27 de febrero de 2007

Y con París llegó, de nuevo, el escándalo

París ha sido la única pasarela que no ha propuesto medidas oficiales, o de cara a la galería, o bienintencionadas, o políticamente correctas, o de cualquier otro tipo para evitar que las modelos excesivamente delgadas desfilen en su Semana del prêt-à-porter femenino, que empezó el domingo.

En París, puesto que tanto las gordas (cuando a Gaultier le apetece) tienen posibilidades, y las feas y feos una oporturnidad para desfilar (si a Galliano le da por ahí), no se discute sobre la anorexia. Todos son bien recibidos para desfilar. Y si no se discute sobre la anorexia, sobre algo habrá que hablar.

París necesita de sus propias preocupaciones, de su propio escándalo, y Viktor & Rolf han hecho una propuesta: cada modelo ha salido con sus propios focos y altavoces, convenientemente sujetos a sus cuerpos, creándoles serios problemas para guardar el equilibrio mientras caminaban ante fotógrafos y periodistas.

Se alzan las voces contra los holandeses por torturar a las modelos, tan profesionales. ¿Os suena? Sí, al final, en todas partes cuecen habas.

Parece que hasta en París, donde según Carine Roitfeld (diréis lo que queráis pero me produce tanta urticaria, o más, que Anna Wintour)hay libertad para locuras de este o otros tipos, hay límites. Al menos, ni en Vogue USA, ni en Vogue España ha gustado la idea. En Vogue Paris (que no France) se lo están pensando todavía, y la crónica del desfile, de momento, está "a venir". Veremos, si cuando llegue, se mojan sobre la colección (normalita en mi opinión), o se limitan a quejarse y a describir alguna prenda y a hablar del rollo folk-holandes como los demás.

Mi mayor problema con los focos y los altavoces, y las barras sobre las que se sujetan, no es tanto la "cruel tortura" que ha supuesto para las modelos (¿y cuándo las meten en agua con hielo y cosas así?), aunque entiendo la incomodidad y el riesgo de caerse, como que no he entendido la parafernalia. No sé que querían expresar los holandeses, aunque imagino que van a tener más oportunidades de hablar de esta colección que de otras anteriores, así que tarde o temprano nos enteraremos.

Mientras llega esa explicación-publicidad, sigo preguntándome si la gabardina de la foto de la derecha se venderá tal cual en las tiendas, o si harán una versión más del tipo de la de la izquierda.Lo que sí tengo claro es qué prenda de este desfile se verá más en los editoriales de moda. Y tienen su punto. Al menos, dan juego.

En fin, qué dura es la profesión de modelo, cuándo no te hacen engordar y te obligan a pesarte, te vienen con éstas. Lo que hay que aguantar.

NOTA: Al final, ninguna se ha caído. Todavía no sé si las modelos se han quejado o no. Sí que he leído que la prensa ni ha pitado, ni se ha ido. Sentaditos y preocupados por las chicas, han aguantado hasta el final, y han aplaudido. ¿A ellas o a los diseñadores? Ah...

Oscars 2007: La secuela

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Yo creo que hay excepciones, sin duda El Padrino II es un buen ejemplo de esto que digo, y el traje-gabardina negro de Cameron Díaz para la fiesta de Vanity Fair es otro. Sé que el Valentino que llevó a la primera alfombra roja de la noche de los Oscar ha encantado a todo el mundo, o eso parace. Para mí es horroroso, además, ni siquiera era liso, sino con flores brocadas: un horror. Eso sí, las joyas se las volvió a prestar Cartier, y volvieron a ser las más bonitas de la noche. Nota: Cameron ya no es morena, ahora es castaña oscura. Mucho mejor.

A Pe lo del Plan B le salió bien, pero su secuela en la (otra) alfombra roja de ayer, además de absurda (ninguna de las grandes se cambió) fue un desastre. Ese Chanel plateado con escote tipo "se abre el telón" es el vestido más feo que le he visto nunca.

En cambio, siguiéndo con los símiles, y, puesto que fue la noche de un remake (a mí "Infiltrados" no me parece una peli menor), lo de Mónica Cruz con otro vestido largo, clásico y azul fue genial. Tiene más gusto que su hermana, aunque (y sabéis que no soy "patriotera" para estas cosas) me hubiera hecho ilu verla con algo de Miguel Palacio.

A la fiesta de Vanity Fair, la mitad de las invitadas acudieron vestidas con trajes largos, y la otra mitad con trajes cocktel. De los largos me gustó, sin maravillarme (aunque ella estaba muy guapa) el de Diane Kruger. Me pareció fantástico el vestido negro con la flor gigante blanca de Georgina Chapman (una de las diseñadoras de Marchesa), muy elegante, y le sentaba genial. Y Liv Tyler estaba preciosa. Me encantó tanto el vestido de vestal griega, como el colgante. Una de mis favoritas de la noche. Y eso que en blanco, en gris o en rosa me hubiera gustado más.

Emmy Rossum (una tía a la que no le veo el atractivo por ninguna parte, y que me parece cursi y sosa hasta decir basta) iba muy elegante, aunque rozando la cursilería. Es muy potita, muy de detallitos, lacitos, etc. Pero iba bien.

Ellen Pompeo está mejor cuando va más sencilla, pero hay que reconocer que tiene gusto y sabe distinguir lo que le sienta bien de lo que no.

En el apartado de vestidos cortos, mis favoritos fueron el de Marisa Tomei (ignoro el diseñador), el Cavalli de Gretchen Moll (muy guapa de castaña), aunque ya se lo había visto a Diane Kruger, y mejor llevado, en alguna otra fiesta, y, por supuesto, el Christian Dior Alta Costura de Natalia Vodianova. Estaba guapísima (a pesar de que esta foto no le hace justicia).

Me gustó, aunque no tanto, Aerin Lauder Zinterhofer. Lo mejor: el collar y que se atreva con algo no tan clásico como lo que suele llevar. Lo peor: el peinado, sin duda, y que el conjunto final es soso.

Y de las chicas vestidas con un cocktel, me decepcionaron Carolyn Murphy que, según el momento me gusta, o me deja de gustar. No la acabo de ver del todo bien. Y Natalie Portman, sorprendentemente cursi para lo que suele ser su estilo habitual. No es un horror tipo Beyoncé o Katie Holmes (ésta llevaba en la cabeza unas piedras exactas a las que llevaba Beyoncé en su primer vestido), pero es de las veces que peor la he visto.

Click en las fotos para verlas más grandes.

lunes, 26 de febrero de 2007

And the Oscar goes to...

Nicole Kidman por ir de rojo, por ir de Nicolas Ghesquière con un vestido precioso del que ni siquiera hemos visto una versión "prêt-à-porter" anterior(¿será un "previo" de su próxima colección?), por pasar de la moda (mandan los años cuarenta sobre la alfombra roja), por deslumbrar con sólo dos brazaletes, y porque, aunque sabemos que abusa del botox y la naturalidad no es su fuerte, estaba elegantísima, guapa y nada postiza.

Frente a la elección de Nicole, seguramente muy meditada con la inestimable ayuda de L´Wren Scott, parece que es el plan B el que ha llevado a Pe a ser la triunfadora oficial entre las mejor vestidas de anoche. Claro, que todavía desconocemos la versión oficial (al menos yo), y a saber si lo que dijo Pedro Almodóvar era cierto o se coló o qué, porque según sus palabras lo de la cremallera del Galliano estaba arreglado.

En cualquier caso, da igual. Ni Galliano, ni Chanel, ni Dior ni Valentino, ni Carolina Herrera, ni Oscar de la Renta, ni Ralph Lauren. Penélope Cruz no había elegido mejor un vestido desde que se puso aquel Donna Karan blanco en no recuerdo qué fiesta. Además, no fue cardada (¿le están llegando las opiniones de que el look Loren le pone años encima? Si es así, mejor). Lo que no estaba tan logrado fue el maquillaje. Y ni los zapatos de Jimmy Choo ni el bolso hacían justicia a un vestido impresionante de Versace Atelier, una versión Costura, de la última colección de Donatella.

Con Reese Witherspoon pudimos disfrutar, antes también del desfile que se celebrará esta semana en París, de otro de los diseños de Theyskens para Nina Ricci. La sureña se ha convertido en su musa, y ni el belga ni ella se han equivocado con esta alianza. Aunque es la rubia más legal de Hollywood la que más beneficio saca de esta "asociación". Vestida de acuerdo con su edad (¡por fin!) con vestidos exclusivos y preciosos (¿a que parece hecho con papel pinocho?), a Reese ya no se la cuelan.

Otra de las elegantes de la noche fue Maggie Gyllenhaal de Proenza Schouler, que hacen su primera aparición importante en La alfombra roja con este precioso vestido estilo años cuarenta en azul tinta y negro que le sentaba de maravilla. Siempre clásica, volvió a ser una de mis favoritas, no sólo por el vestido, también por el tocado de plumas. Me encantó.

Cate Blanchett quiso pisar sobre seguro en la alfombra roja, así que hace un mes viajó a París con Giorgio Armani para elegir vestido. Este vestido. El único vestido de Armani bonito de los que se vieron ayer, porque los de Beyoncé y Katie Holmes eran cursis hasta decir basta. Como siempre, estaba guapísima y perfectamente maquillada. La que mejor, en mi opinión. Además las ondas al agua le favorecían, algo de lo que no pueden presumir otras de las que se peinaron así.

Jennifer López no tuvo su noche con el maquillaje, que resultaba terroso, pero acertó con el vestido. Era de Marchesa, una de sus marcas favoritas, y aunque ha estado más espectacular otras veces, fue de lo mejor que se vió anoche.

Gwyneth Paltrow, sin embargo, le ha vuelto a pasar como siempre. Cuando va bien vestida, como anoche con este Zac Posen rosa palo, o como en los Globos de Oro del año pasado, la critican. Y, en cambio, cuando se pone esas cursiladas de princesa como el Ralph Lauren que llevó la noche que ganó el Oscar (que además le sentaba de pena) la suben a los altares. A mí me parece lo contrario, es cuando arriesga cuando gana. Y ayer estaba espectacular.

Rinko Kikuchi fue, como había anunciado, de Chanel. Un Chanel Alta Costura mucho más discreto que otros que ha llevado, y mucho más soso. Vale, es bonito, pero me decepcionó. Esperaba mucho más de Rinko. Sí me gustó el moño, más que el de Pe.

También Kirsten Dunst, cómo no, lució un vestido de la última colección de Alta Costura de Chanel. Siempre va vestida de Chanel a los Oscar. El vestido es precioso, a mí me gusta mucho, pero no la acabo de ver con él. No sé si el flequillo que no le favorece; el maquillaje (¿muy oscuros los labios?), el escote que no le sienta bien, la ausencia de joyas, o qué. Pero, aunque me gustó mucho, no fue de mis favoritas.

Otras tres que me gustaron sin emocianarme fueron: Kate Winslet (qué mal le sentaba el peinado) con un Valentino Alta Costura, muy bonito pero soso.

Rachel Weisz con un Vera Wang muy cursi. Le sobra el lazito, y algún volante de la cola. Aunque, eso sí, estaba guapísima.

Y Tracey Edmonds, la nueva novia de Eddie Murphy, de Versace. Me gustó mucho, no tanto como Pe, ni como el blanco de Ellen Pompeo en los Globos de Oro; pero de nuevo Versace, como el año pasado, ha sido una de las firmas ganadoras.

Para acabar, una mención especial a las españolas: Ivana Baquero me decepcionó, estaba mucho mejor en los Goya. Maribel Verdú, de Carmen March, iba muy elegante, pero el color no le favorecía mucho, y el maquillaje era muy apagado. Y Mónica Cruz, de Oscar de la Renta, iba guapísima. Muy clásica, pero muy acertada. Tuvo el honor de llevar el único Oscar de la Renta digno de la noche.

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domingo, 25 de febrero de 2007

Mia Farrow nos inspira

He encontrado una foto mejor del nuevo corte de pelo de Michelle Williams. Así de guapa, vestida de Chloé, apareció en los Independent Spirit Awards. Tanto el corte como el vestido son muy Mia Farrow en "La semilla del diablo".

Muy Rosemary, así se llamaba el personaje de la, incomprensiblemente, exmujer tanto de Frank Sinatra, como de Woody Allen.

Y, buscando fotos de "Rosemary´s baby", título original de la peli, he descubierto que ese corte se lo hizo el propio Vidal Sassoon (porque es un señor, peluquero para más señas, que existe, y no sólo el nombre de un champú), durante el rodaje.

Al principio llevaba esa melenita de paje con flequillo. Parece que ni Sienna, ni Edie mandan, y que es Mia la que vuelve a estar de moda.

Esta primavera con su corte de pelo pixie de los años sesenta, y el próximo otoño con su look años veinte de "El gran Gatsby". Incluso este verano ya, si seguimos a Marc Jacobs.

Aunque, ha sido en los recientes desfiles de Nueva York y Londres donde se han visto más looks inspirados en esa década. Los más inspirados: Proenza Schouler y Paul Smith. Una alternativa a las marcadas siluetas de los años cuarenta (otra de las nostálgicas tendencias que más se está viendo en las Semanas de la Moda estas semanas) mucho más divertida y juvenil.

Igual, darle un repaso a la filmografía de Mia Farrow no es un mal plan para esta tarde.

sábado, 24 de febrero de 2007

New Look

Imagino que debido a los flequillazos que lucen ahora los adolescentes se están perdiendo uno de esos extraños fenómenos que solían darse cuando llegaban temperaturas más agradables: esas dos semanas en las que la mitad de los chicos de la clase se ponían de acuerdo (bueno, sus madres) para cortarse el pelo.

Bien, pues famosos varios se han puesto de acuerdo para ir a la peluquería. Al flequillo como tendencia, que ha pegado muy fuerte el útlimo año, se suma el tijeretazo; los peluqueros no pueden ser más felices.

No tengo muy claro si se trata realmente de la peli de Sienna la que está marcando esta tendencia del pelo corto y rubio, pero parece que cortárselo a lo chico es lo más. Si las estilistas lo hacen, ya se sabe. En cualquier caso, será a Edie a la que sigan Selma Blair y Michelle Williams, porque aunque la ex de Jude se ha esforzado, este new it look llega justo cuando ella se deja crecer la melena.

Un poquito más largo que ella lo llevan Kirsten Dunst y Kate Bossworth, como nos cuentan en "El Tocho" (así lo llama el chico que me lo vendió) este mes. Y un poquito más corto se lo ha dejado Mary Donaldson, con la intención de "parecer más madura y seria" ¡¿?! Siguiendo con la realeza, Carolina de Mónaco se ha cortado todavía más el pelo, desde que este verano se lo dejara en un sí-es-no-es corto, que le favorecía poquísimo.

¿El resto de las famosas? Lo siguen llevando largo, muy largo. Bueno, luego está Britney Spears. Sin comentarios.

Yo ya os conté que estaba intentando dejar crecer mi aburrida media melena. Tengo poca paciencia, pero lo voy consiguiendo, aunque viendo el panorama, igual hago como Marc Jacobs y me lanzo a un cambio radical. De momento, he cambiado algo blog. Y puede que lo cambie un poco más un día de estos. ¿Alguna sugerencia?

jueves, 22 de febrero de 2007

El diablo viste de Prada...

... y Bea "la fea" también. Al menos, el próximo otoño podría.

Aunque bien pensado (estos desfiles de moda intelectual hay que meditarlos mucho), igual la nueva chica Prada, no es la pringada de la clase, víctima de las burlas de sus compañeros. También, según el modelé y la chica, puede ser la rara que da miedo. En cualquier caso, una friqui, que algo oculta.

No voy a mentir, la gran mayoría de las cosas, ni me las compraría, ni me las pondría en el caso de que me las regalasen, pero me ha gustado mucho la colección. Lujo sutil, aunque sólo en apariencia; lujo para entendidos en definitiva. Un puntito de agresividad y, en mi opinión, un toque de sexappeal.

Conforme me voy haciendo a la idea de que esos no-calcetines, o no-calentadores, o no-medias, van a ser el objeto de deseo de fashionistas de medio mundo; y que es muy probable que las chicas de Vogue París se hagan con uno de sus barrocos abrigos (no te ha salido tan sencilla Miuccia), en oscuro bien sûr; más claro tengo que no es Bea "la Fea" la nueva chica Prada.

La mujer Prada del próximo otoño no es rara, quiere parecerlo. No es una infeliz, tiene carácter. Que no os confundan los colores ni los cortes: no es daltónica, ni tiene un tipo horrible. Al contrario, su aspecto es fruto de horas de meditación y de su mal disimulada vanidad. Y ojito con ella, es un poco chunga.

Desfile completo en Style.com